La Santa Comunión y la evangelización

Punto fundamental: La Cena del Señor es un medio de gracia que tiene el poder para transformar a la Iglesia (el cuerpo de Cristo) en una comunidad evangelizadora que sale al mundo a predicar, enseñar, bautizar y hacer discípulos (Mateo 28:19-20)

Trasfondo: En 1ª de Corintios, capítulos 11 y 12, el apóstol Pablo después de hacer el comentario sobre la institución de la Santa Cena, amplía esta interpretación diciendo que el cuerpo de Cristo lo forman muchos miembros y cada uno de ellos tiene su propio ministerio.

Pablo reconoció que el sacramento de la Santa Comunión forma y da vida a la Iglesia en el cumplimiento de su misión para la redención del mundo. En 2ª de Corintios 5:16-6:10, él nos da una descripción más completa del “ministerio de reconciliación” que es la tarea de los miembros de la Iglesia como “embajadores de Cristo”.

Los metodistas unidos somos herederos de una tradición que reconoce que no recibimos los dones espirituales solamente para nuestro bien propio, sino también para prepararnos y ser enviados a participar en la tarea de la evangelización. En la oración del ritual que repetimos juntos después de haber comulgado, damos gracias a Dios por el don recibido y oramos por que “podamos vivir en el mundo con el poder de tu Espíritu y entregarnos al servicio de nuestro prójimo” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 14).

La Disciplina da énfasis al mandato imperativo de la tarea de evangelizar: “El pueblo de Dios, que es la iglesia en el mundo, ha de convencer al mundo de la realidad del evangelio o ser indiferente y dejarlo. No podemos evadir esta responsabilidad o delegarla. La iglesia debe ser una comunidad fiel en su testimonio y servicio, o perderá su vitalidad y su impacto en un mundo incrédulo” (¶ 128).

Práctica: La congregación local, por medio de la gracia que recibe de la Santa Comunión, sale de sí misma a proclamar y testificar las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús.

A través de la instrucción cristiana y las diversas actividades de la vida congregacional, damos testimonio del propósito y significado de los sacramentos para que los miembros tengan un mejor aprecio de su andar en la fe y se preparen para recibir y guiar en sus conocimientos a quienes desean seguir a Cristo.

En la medida que los miembros de la congregación participen de la Santa Comunión los lazos de amor fraternal se fortalecen, y por el hecho de ser iglesia que alaba al Dios vivo, recibe fortaleza para salir con poder y esfuerzo a evangelizar, y a trabajar por la paz y la justicia.

Punto fundamental: Como seguidores de Jesús que comía con pecadores y se identificaba con los marginados, los miembros de la iglesia deben de preocuparse por las personas que no participan de la mesa del Señor; aquellas personas que se sienten indignas, pobres, inconversas, discriminadas y sufren opresión y olvido.

Trasfondo: El evangelio de Lucas enfatiza el esfuerzo constante de Jesús de enseñar a sus discípulos que el favor y el amor de Dios favorecen a toda persona, no solamente a aquellas de cierta ascendencia privilegiada, posición social, económica, inclinación política o sexo.

En el libro de los Hechos se menciona el esfuerzo de los primeros cristianos por definir sus límites de acción y el propósito constante de Dios de ampliar sus horizontes de aceptación de otros. La visión de Pedro mencionada en el capítulo 10 de los Hechos es un claro ejemplo.

Los primeros metodistas ingleses eran gentes (salvo algunas excepciones) de un nivel socio-económico que hoy clasificaríamos la clase obrera. Wesley tenía la convicción que la gente que vivía de acuerdo con las “Reglas Generales” (páginas 76-78 de la Disciplina), tarde o temprano mejorarían su nivel de vida. Wesley predicaba celosamente contra el amor al dinero y mencionaba el decaimiento espiritual que a menudo acompaña a la prosperidad.

En la Sección VI, “Llamados a la Inclusividad”, la Disciplina dice: “…somos llamados a ser fieles al ejemplo del ministerio de Jesús a toda persona. La inclusividad significa apertura, aceptación y apoyo que hace posible la participación de toda persona en la vida de la iglesia, la comunidad y el mundo. Por lo tanto, la inclusividad rechaza toda semblanza de discriminación.” (¶ 138).

Práctica: La iglesia deberá, deliberada y conscientemente, identificar a todas las personas que se creen no ser aceptadas, o se sienten marginadas en sus congregaciones para invitarlas a incorporarse al cuerpo de Cristo y participar en la celebración de la Santa Comunión.

 

 

La Santa Comunión y las normas cristianas del discipulado

Punto fundamental: Los sacramentos son dones de Dios para los creyentes al reunirse como iglesia para que sean el cuerpo de Cristo en servicio al mundo. El Espíritu Santo, por medio del sacramento de la Santa Comunión da forma a nuestra ética y moralidad.

En el desarrollo constante que se inicia el momento de nuestra conversión crecemos en la fe y en santidad social, recibiendo así poder para ofrecer salud y compasión, y ser medios de reconciliación, paz y justicia.

Trasfondo: Los profetas del Antiguo Testamento denunciaron la injusticia y la opresión que veían en su entorno. Proclamaban a un Dios que favorece a los pobres y desamparados, y que llama a su pueblo para actuar en su favor. (Isaías 1:16-17; 58:609; Amós 2:6-8; 5:11-15, 21-24; y Miqueas 6:6-8 son pasajes que lo mencionan.)

Al iniciar Jesús su ministerio, proclamó su misión diciendo: “El Espíritu del Señor está sobre mi, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:16-21). Jesús siempre se relacionó con la gente marginada y excluida por la sociedad. A menudo hablaba sobre la  desigualdad social y económica de su tiempo. Los primeros cristianos, imitando su ejemplo, estaban pendientes de las necesidades de todos. (Hechos 4:32-35, Santiago 1:27; 2:14-17).

La Iglesia Metodista Unida tiene como legado de Juan Wesley el hecho de que la vida de sus seguidores estaba íntimamente ligada a la experiencia sacramental de la adoración. Desde la preocupación que los jovenes universitarios miembros del Club Santo en Oxford demostraban por los reclusos de las instituciones penales, el cuidado de las sociedades por los enfermos, siguiendo el propio ejemplo de Wesley de compartir con otros la mayor parte de su dinero, el movimiento metodista se entregó a aliviar el sufrimiento y carencias de las personas necesitadas. Wesley comentó esta tarea al escribir que el evangelio de Cristo no conoce ninguna otra práctica religiosa que la social, y ningún otro tipo de santidad que la santidad misma (véase el “Preface” a los Hymns and Sacred Poems [Prefacio a Himnos y Poemas Sacros). El dinero que ofrendamos al participar de la Comunión para personas necesitadas es todavía una costumbre histórica en muchas de nuestras iglesias.

A principios del siglo pasado los metodistas empezaron a reconocer que el concepto de vivir en santidad exigía de ellos algo más que los actos de benevolencia y caridad. Con fundamento en el Credo Social, los metodistas de Estados Unidos empezaron a hacer declaraciones públicas sobre las injusticias que causan los organismos económicos, sociales y políticos, demandando su reforma. Los “Principios Sociales” de la Disciplina y las iniciativas tomadas por la Conferencia General que constan en The United Methodist Book of Worship dan fe de la posición oficial de la iglesia en cuanto a estos asuntos. La Disciplina estipula que para cumplir con la tarea del discipulado “…—enviamos a personas al mundo, para vivir en amor y justicia como siervos de Cristo, sanando a los enfermos, dando de comer a los hambrientos, cuidando al extranjero, liberando al oprimido, y obrando para desarrollar estructuras sociales que estén en conformidad con el evangelio;…” (¶ 122).

Los creyentes que participan de la Comunión son enviados de la mesa a dar testimonio de la presencia de Cristo en el mundo. El pueblo de Dios sale para salir a servir compasivamente por la sanidad, la reconciliación, la justicia y la paz. Esta tarea exige un comportamiento profético y subversivo: “renunciando a las fuerzas espirituales de maldad, a los poderes malignos del mundo, . . . aceptando la libertad y el poder que Dios da . . . para resistir el mal, la injusticia y la opresión en cualquier forma en que se presenten” (votos del ritual del bautismo, Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 22). Reclamando y haciendo realidad la victoria del Cristo resucitado sobre el mal, sobre el pecado y la muerte. Esta fidelidad bajo el poder del Espíritu Santo responde a la oración de Acción de Gracias: “que seamos para el mundo el cuerpo de Cristo”, y a la petición de la oración del Padrenuestro que “venga tu reino, sea hecha tu voluntad”. La celebración de la Santa Comunión es por tanto una experiencia anticipada del reinado de Dios, cuando en el futuro irrumpa en el mundo. Mientras, la iglesia vive las palabras de Jesús: “Porque vendrán del oriente, del occidente y del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios” (Lucas 13:29).

Práctica: La Santa Comunión debe celebrarse en formas que manifiesten el lazo que une, la mesa con la vida de piedad, a las personas unas con otras, y a la comunidad. La participación en la Santa Comunión rinde fruto al mundo a través de nuestra actitud, de nuestras obras de piedad y servicio social.

La celebración de la Santa Comunión en nuestras iglesias es testimonio de vida en comunidad y de amor mutuo entre los creyentes y la iglesia universal. La iglesia debe ser un ejemplo viviente para el mundo de vida en comunidad, arraigada en el amor que Dios tiene por cada persona. Cuando comemos y bebemos el sacramento, somos motivados a demostrar compasión a las personas que sufren necesidad física, moral y espiritual. Al recibir el pan y el vino como frutos de la creación divina se nos recuerda que somos mayordomos de todo lo creado en estos tiempos en que la destrucción y contaminación ambiental ponen en peligro el futuro del mundo, y la desigualdad de distribución de los recursos del planeta destruye la esperanza y el porvenir de millones de personas.

Al recibir agradecidos esta muestra de la gracia abundante de Dios, se nos invita a responder y asumir nuestra responsabilidad por la renovación del orden social, por la liberación de los oprimidos, y por la venida del reino de Dios.

 

La Santa Comunión y la unidad de la iglesia.

Punto fundamental: La Santa Comunión es símbolo de nuestra unión en el cuerpo de Cristo, anticipa la invitación de Jesús al banquete final, y nos anima a hacer visible el testimonio de unidad de la Iglesia.

Trasfondo: En los estatutos de la Constitución, la Iglesia Metodista Unida afirma su compromiso ecuménico así: “Como parte de la Iglesia universal, la Iglesia Metodista Unida cree que el Señor de la iglesia llama a los cristianos de todas partes a luchar en favor de la unidad; y por lo tanto buscará y trabajará por la unidad en todos los niveles de la vida de la iglesia” (Disciplina, ¶ 5).

En la sección “Nuestra Herencia Doctrinal” de la Disciplina (pág. 44- 45) la iglesia declara:

Los metodistas unidos compartimos una herencia común con los cristianos de todos los tiempos y de todas las naciones. Esta herencia se basa en el testimonio apostólico respecto a Jesucristo como Salvador y Señor, lo que constituye la fuente y medida de toda enseñanza válida. . . Conjuntamente con los cristianos de otras comuniones afirmamos nuestra fe en Dios Trino-Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta confesión abraza el testimonio bíblico de la actividad divina en la creación, incluye la involucración de Dios en los dramas de la historia y aguarda la consumación del reinado de Dios.

Con el propósito de lograr un mayor testimonio de unidad, el metodismo unido ha tomado varias decisiones concretas que expresen su compromiso, y promuevan la colaboración ecuménica.

1. Desde los años de 1960, la iglesia ha participado en consorcio con el comité denominado Iglesias en Churches Uniting in Christ [ Proceso de Unificarse en Cristo], conocida anteriormente como Consultation on Church Union [Consulta de Unión de las Iglesias]. A través de los años los metodistas unidos han participado con iglesias hermanas en la Santa Comunión, utilizando la liturgia aprobada por estas iglesias para la celebración común.

2. Los metodistas unidos en todo el mundo han desarrollado acuerdos ecuménicos que enfatizan la unidad de la iglesia por medio del reconocimiento mutuo y reconciliación de ministerios y sacramentos.

3. Se ha invitado y alentado a representantes ecuménicos a participar en los cultos metodistas unidos en que se celebre la Santa Comunión.

4. Los metodistas unidos han participado en cultos eucarísticos de otras tradiciones, cuando se les ha invitado, como un gesto de afirmación y reflejo de su compromiso con la iglesia. Baptism, Eucharist, and Ministry [El Bautismo, la Eucaristía, y el Ministerio] afirman el significado de los sacramentos para todos los cristianos:

En la Eucaristía se manifiesta la comunidad del pueblo de Dios. Las celebraciones eucarísticas siempre son eventos que corresponden a la iglesia en general, y la iglesia a su vez participa en cada celebración eucarística. Cuando una iglesia considere que lo hace a nombre de la iglesia, tendrá cuidado de considerar seriamente los intereses y asuntos de otras iglesias (pág. 14).

Para iglesias como la Ortodoxa y la Católica Romana, el compartir con otras iglesias que no están en total acuerdo con ellas es inaceptable, porque la Eucaristía es un símbolo de la unidad y acuerdo que han logrado. Para otras iglesias, incluyendo a la Iglesia Metodista Unida, la Eucaristía puede ser un medio de expresar la unidad en Cristo, que es don de Dios a pesar de nuestra falta en vivirla.

Práctica: Se recomienda a los metodistas unidos a continuar participando en actos ecuménicos que incluyan la Santa Comunión. Teniendo especial cuidado de utilizar la liturgia que ha sido aceptada por común acuerdo, o usar textos litúrgicos que están siendo utilizados y reflejan las creencias y prácticas de las distintas tradiciones. Si hay obispas/as o superintendentes presentes, es propio cederles la oportunidad de presidir el acto.

Los miembros de la iglesia pueden manifestar su acogida a esta experiencia participando en las liturgias propias de cada tradición con el debido respeto y deseo de aprender de ellas. Se anima a los miembros de la Iglesia Metodista Unida a recibir la Santa Comunión en otras iglesias cuando se les invite a hacerlo.

Las iglesias deben mencionar, dentro del diálogo oficial, las barreras teológicas que existen y que impiden la participación plena de la Eucaristía. Documentos ya existentes de diálogos oficiales que se han tenido, serán utilizados en el estudio de la denominación.

Los metodistas unidos deberán dedicarse a estudiar buscando respuestas críticas para el diálogo ecuménico y tratar con delicadeza y sensibilidad preocupaciones interconfesionales como: la presencia de Cristo en el sacramento (“presencia real”), la frecuencia de la celebración, quién o quiénes presiden la mesa, uso de jugo de uva o vino, y el requisito del bautismo en cuanto a la participación de la Eucaristía, entre muchos otros.

Punto fundamental: Los metodistas unidos participamos en el diálogo ecuménico sobre la Eucaristía basándonos sobre varias fuentes históricas autoritativas, relacionándonos de forma más auténtica con otros organismos cristianos y a la vez conservando nuestra fidelidad a estas fuentes.

Trasfondo: Entre las fuentes autoritativas de los metodistas unidos, destacan las Sagradas Escrituras del Antiguo y el Nuevo Testamento, los himnos y escritos de Juan y de Carlos Wesley, en particular los Sermones, las “Reglas Generales” y las notas explicativas sobre el Nuevo Testamento; “la Constitución”, “Los Artículos de Religión”, “la Confesión de Fe”, y otros documentos doctrinales; así como escritos y tradiciones de la experiencia evangélica a través del movimiento wesleyano, el de la Iglesia Evangélica y los Hermanos Unidos; documentos ecuménicos de actualidad y declaraciones oficiales de acuerdos multilaterales y bilaterales en que los metodistas unidos han participado y que han sido aprobados por el Consejo Mundial de Iglesias o la Conferencia General.

“Nuestra Herencia Doctrinal” indica algunos de los aspectos particulares de la tradición Metodista Unida:

Aun cuando Wesley compartía con muchos otros cristianos la creencia en la gracia, la justificación, la seguridad y la santificación, él las combinó de un modo poderoso creando así un énfasis particular de cómo vivir la vida cristiana en plenitud. La tradición evangélica de los Hermanos Unidos, especialmente según la expresó Philip William Otterbein, de trasfondo reformado, ofreció énfasis particulares similares.

La gracia domina nuestro entendimiento de la fe y vida cristiana. Por gracia entendemos la acción inmerecida y amorosa de Dios en la existencia humana mediante el Espíritu Santo quien está siempre presente. Aunque la gracia de Dios es indivisible, ésta precede a la salvación como gracia preveniente, continúa como gracia justificadora, y culmina como gracia santificadora. (Disciplina, pág. 48).

Estos énfasis especiales de los metodistas unidos proporcionan a la base de la teología práctica, la experiencia de la realización del evangelio de Jesucristo en la vida de los cristianos. Estos énfasis se han conservado, no tanto mediante declaraciones doctrinales como mediante el movimiento vital de la fe y práctica, según éste se manifiesta en las vidas convertidas y dentro de la vida disciplinada de la iglesia.

La formulación de definiciones doctrinales formales no ha tenido tanta urgencia para los metodistas unidos como el llamar al pueblo a la fe y el nutrirles en el conocimiento y amor de Dios. El meollo de la doctrina wesleyana que dio forma a nuestro pasado de hecho pertenece anuestra herencia común como cristianos y es aún un componente principal de nuestra continua tarea teológica. (Disciplina págs. 52 y 53).

La Comisión General sobre Unidad Cristiana e Intereses Interreligiosos dirige el esfuerzo ecuménico de la denominación por cumplir su propósito de: “Abogar y trabajar para que el don de unidad cristiana sea realidad completa en cada aspecto de la vida de la iglesia, y patrocinar medios de acercamiento a un ministerio y misión que reflejen de manera más completa la singularidad de la iglesia de Cristo en la comunidad humana” (Disciplina ¶ 1902.1).

En el documento “Resolución de Propósito—con miras a la Unidad,” la Conferencia General declaró que: “nuestro propósito oficial en adelante será el de interpretar todos nuestros Artículos, Confesión, y demás ‘normas doctrinales’ en consonancia con nuestro mejor juicio y conocimientos ecuménicos.” (The Book of Resolutions, pág. 238).

Práctica: En todas las discusiones sobre la Santa Comunión, el metodismo unido debe permanecer fiel a sus fuentes autoritativas tradicionales. Reconocemos y respetamos las fuentes que otras tradiciones consideran inviolables. Los metodistas unidos nos mantenemos a la expectativa de  la creación de una unidad Cristiana más amplia e inclusiva mediante la obra del Espíritu Santo como respuesta a la oración de Jesús: “que todos sean uno.” (Juan 17:21)