Por: Rvda. Margaret Prowse de Valle

Estamos comenzando a celebrar un cumpleaños, ¡pero uno de 300 años!, el de Juan Wesley, fundador de nuestra Iglesia Metodista. Su historia no comenzó el 17 de junio de 1703, había comenzado mucho antes. Dios, por generaciones, estaba preparando dos familias distinguidas para ser los antepasados de Juan. Por el lado de su padre, Samuel Wesley, su bisabuelo fue un buen pastor y médico, y su abuelo fue un pastor laico, ferviente evangelista en tiempos muy difíciles en la vida política y religiosa en Inglaterra. Los dos habían estudiado en la Universidad de Oxford. Samuel, su padre, un hombre inteligente, después de estudiar en Oxford, decidió ser pastor anglicano que además de dedicarse a su parroquia, era poeta y escritor.

Por el lado de su madre, Susana Annesley, su bisabuelo fue abogado y miembro del parlamento; su abuelo, doctor en leyes y pastor. Ambos estudiaron en Oxford. Su abuelo fue un puritano convencido y disidente en esos tiempos difíciles. Él vivía en Londres y Susana fue la última de sus 25 hijos. El padre insistió en que sus hijas al igual que los varones fueran educadas, cosa casi desconocida en esos tiempos. Susana fue una de las mujeres más instruidas e inteligentes de su época. Era muy metódica y disciplinada y amaba profundamente a Dios y su obra. De muy joven escribió en su diario “Espero que el fuego que yo encienda haga arder no sólo a Londres, sino a toda la nación y a todo el mundo”. Este anhelo se cumplió a través de sus hijos Juan y Carlos.

De todos sus parientes, fue Susana Annesley de Wesley quien tuvo la mayor influencia en la vida de Juan. Todo lo que ella sembró en su niñez, al cuidar el desarrollo integral de Juan, dio sus frutos en su vida personal y obra para el Señor, que transformó la vida social y religiosa de Gran Bretaña y otros países.

A Susana la llaman “La Madre del Metodismo” y se dice que ella puso el método en el metodismo. Ella tuvo que tener método en su hogar, pues nacieron 19 niños en 23 años. Los lugares de Inglaterra donde Samuel fue Pastor eran remotos y la gente, ruda e inculta. La vida fue dura para la familia y 10 de sus hijos murieron durante su infancia. Sólo 9 llegaron a ser adultos, entre ellos Juan (el número 15) y Carlos quien nació 4 años después.

Susana tenía un método en el orden de la casa y la crianza de sus hijos. No había escuela, por eso ella les enseñaba en el hogar desde los 5 años de edad, tanto a las niñas como a los varones. Tenían 6 horas de clase cada día. Recibieron una educación clásica que incluía griego, hebreo y latín. ¡Imaginémonos enseñar a 9 niños, todos de diferentes edades y niveles!.

Eran tiempos de muchos problemas sociales y violencia política y la gente de la parroquia de Samuel eran hostiles a la familia pastoral y varias veces atacaron su ganado, cosechas y hasta la casa. Cuando Juan tenía 5 años y medio, una noche la casa fue incendiada. La familia escapó, pero Juan se había quedado durmiendo. Buenos vecinos lo salvaron a último momento por la ventana del 2do piso formando una escalera humana. Susana habló de Juan después como “un tizón sacado del fuego” y le tenía especial cuidado creyendo que Dios tenía un propósito importante para su vida.

Además de educar metódicamente a sus hijos, Susana cuidaba mucho su desarrollo espiritual y decidió dedicar una hora cada semana para estar a solas con cada uno. Durante toda su vida, Juan no olvidó que el jueves por la tarde había sido un tiempo especial con su mamá y más tarde, lejos de casa, usó ese tiempo para escribirle. Samuel viajaba mucho y siempre vivía endeudado por eso una vez fue encarcelado pos sus deudas. Susana tenía que ingeniarse para alimentar a la familia. Además comenzó a tener reuniones en su casa los domingos por la noche. Éstas fueron, primero para la familia y después para los de la parroquia; asistieron hasta 200 personas. Estas reuniones dejaron una fuerte impresión en Juan. Era una de las muchas semillas sembradas en su tierna vida que iban a tener fruto más tarde en su vida y obra.

Otras semillas eran: No hacer diferencia de personas y respetar a todos no importando su clase, raza o color. Ayudar a los pobres y necesitados y aceptar que la mujer debe desarrollar sus dones en la obra del Señor. Ser metódico y autodisciplinado y sobre todo tener un amor sincero hacia Dios y hacia todos.

A los 10 años Juan salió del hogar para estudiar interno en el colegio Charter House en Londres.  Fue un choque muy grande después del amor y orden de su casa. No había disciplina y los mayores maltrataban a los menores y hasta robaban comida de sus platos, pero Juan fue un alumno bien preparado e inteligente. A los 17 años siguió los pasos de sus antepasados e ingresó a la Universidad de Oxford. Fue en el año 1720 que comenzó sus estudios en Christ Church. Más tarde, su hermano Carlos vino para estudiar también. Y otra vez Juan encontró un ambiente indisciplinado donde muchos perdían su tiempo. Pero con la autodisciplina aprendida en su hogar, Juan se dedicó a sus estudios con muy buenos resultados. Después le ofrecieron una cátedra en la Universidad de Lincoln College.

He visitado la Universidad de Oxford, donde Juan Wesley como alumno y profesor brillante, es recordado como uno de sus hombres ilustres. Han publicado un libro, “John Wesley and Oxford” y hasta guardan lo que fue su cuarto como un museo recordatorio.

Mientras él estaba en Oxford comenzó a escribir su diario en 1725 y es por eso que sabemos tanto de su vida y sus pensamientos. Lo siguió escribiendo hasta el fin de sus días. Juan fue ordenado Pastor Anglicano en 1728. Él siguió con su vida disciplinada y austera y se levantaba a las 4 de la mañana para orar y estudiar. Comenzó a reunirse con su hermano Carlos y un grupo de otros profesores y estudiantes para orar y estudiar la Biblia y otros clásicos de la iglesia y hacer obras sociales siguiendo el ejemplo de Jesús. El grupo visitaba la cárcel, ayudaba a familias pobres y comenzaron una pequeña escuela. Los otros estudiantes comenzaban a burlarse de ellos llamándoles “Los Entusiastas” y “El Club Santo” y al ver que sus vidas eran tan metódicas les pusieron el apodo de “Los Metodistas”. Es así que llevamos con orgullo y honor este nombre hasta el día de hoy. George Whitefield, otro futuro gran evangelista, también fue miembro de este grupo.

En 1735 a los 32 años, Juan decidió dejar la vida de Oxford para ir como misionero y Capellán a una colonia nueva en América y su hermano Carlos lo acompañó. Pero no fueron bien recibidos y después de 2 años de muchas pruebas y frustraciones regresaron a Inglaterra. Ya Juan había recibido 2 lecciones que dejaron impresiones profundas en él. Yendo en un barco durante una fuerte tempestad él había visto la fe y el testimonio de un grupo de familias Moravos de Alemania y supo que su fe y confianza en Dios no eran igual a la de esas personas. Después un predicador Moravo le dijo: “Predica la fe hasta que la tengas y después predícala porque la tienes”. “Tú vas a tener fe”. Y así Juan comenzó a predicar en las Iglesias de Londres.

Pero fue en una reunión del 24 de mayo en 1738, que por fin Juan recibió la seguridad de su salvación y la fe que tanto anhelaba. Escribió después en su diario: “Por la noche fui de muy mala gana a una sociedad en la calle de Aldersgate, donde alguien estaba leyendo el prefacio de Lutero a la Epístola a los Romanos. A eso de las 9 menos cuarto, mientras estaba describiendo el cambio que Dios obra en el corazón por medio de la fe en Cristo, sentí en mi corazón un ardor extraño. Sentí la seguridad de que Él había quitado mis pecados, y me había salvado de la ley del pecado y la muerte”.

Muchos hablan de esto como la conversión de Juan Wesley pero personalmente creo que él había recibido, además, el bautismo del Espíritu Santo. Esto transformó su vida, llenándola de amor y el “dunamis” (¡Dinamita!), para salir a evangelizar y transformar la iglesia y el país. Fue el comienzo de un avivamiento del Espíritu Santo que transformó a Gran Bretaña y llegó hasta América.

Después de viajar a Herrnhut, Alemania, para visitar el centro de los Moravos y recibir mayor inspiración de ellos, Juan regresó a Inglaterra para predicar. Su amigo George Whitefield, el evangelista, predicaba al aire libre y él invitó a Juan a ayudarlo, cosa contraria a la costumbre de un pastor anglicano. Pero inspirado por el Espíritu Santo, Juan comenzó a predicar al aire libre por todo el país y a veces hasta 10 mil personas lo escuchaban. Él dijo que todo el mundo era su parroquia y predicó donde estaba la gente más necesitada, en las salidas de las minas, fábricas y en las plazas y ferias.

El estado de la Iglesia Anglicana de Inglaterra en su tiempo era triste. Muchas parroquias estaban muertas espiritualmente y habían conflictos políticos y religiosos. La iglesia no se preocupaba por los miles de inmigrantes que llegaban del campo a las ciudades, sacados de sus tierras por la revolución agrícola y atraídos a las ciudades por los adelantos de la revolución industrial. Eran explotados y maltratados, sin educación, salud ni casas adecuadas. Ellos trabajaban y vivían en condiciones infrahumanas y había mucha delincuencia e inmoralidad. La iglesia no estaba lista para recibir a los recién convertidos por la predicación de Juan, Carlos y sus amigos. Dios había mandado el avivamiento para transformar la iglesia anglicana pero ellos no los querían, cerraban sus puertas a los predicadores “metodistas”.

Años más tarde cuando Juan visitó el pueblo donde había crecido, no le permitieron predicar en la iglesia donde Samuel había sido pastor y él se paró sobre la tumba de su padre y predicó a todos. Sus enemigos usaban mucha violencia contra los predicadores metodistas y contra los primeros grupos de creyentes. Los políticos sospechaban que eran revolucionarios en contra del Rey como los que habían en Francia donde más tarde estalló una revolución muy sangrienta. Pero Juan enseñó a sus predicadores a seguir su ejemplo y mirar sin miedo las caras de la multitud aún a los violentos, y seguir predicando.

Juan comenzó a formar a los nuevos convertidos en sociedades que se reunieran en los hogares durante la semana para adorar, orar, estudiar la Biblia y apoyarse mutuamente. En cada lugar donde predicó dejó estas sociedades reuniéndose y les escribió y visitó con frecuencia. Él siempre les enseñó a ir a su iglesia anglicana los domingos y tomar la Santa Cena en sus parroquias. Él nunca pensó en formar una nueva denominación.

También se reunieron en grupos más pequeños llamados “clases” para profundizar su fe y recolectar fondos para los pobres. Fue esta organización en grupos que ayudó con el discipulado de los nuevos y su preparación para ser líderes en las sociedades y hasta pastores laicos y evangelistas.

Juan comenzó a aceptar la predicación de los laicos, gracias al ejemplo de su madre y sus buenos consejos. Cuando él iba a amonestar a un laico quien estaba comenzando a predicar, su madre le decía: ¡Escúchalo primero y después recién actúa!. Juan lo aceptó (hasta las enseñanzas de algunas mujeres), pero siempre insistió en su buena preparación. Juan vivió y predicó el equilibrio entre lo pietista y lo sacramental, influenciado por sus antepasados anglicanos y no conformistas. Él enseñó y vivió la santidad personal y la santidad social. Él enseñó a sus seguidores a vivir correctamente, dándoles reglas de vida y enfatizando el amor a Dios y el servicio al prójimo.

Por su obra social atacaba las raíces de los males, además de dar ayuda inmediata para aliviar los síntomas. Él abrió escuelas y escribió libros, tenía postas médicas, orfanatorios, cooperativas, clases de alfabetización, escuelas dominicales y obras en las cárceles. La última carta que él escribió, pocos días antes de morir, fue a Willberforce apoyándole en su lucha en el parlamento contra la esclavitud de los negros.

Durante su vida Juan Wesley viajó mayormente a caballo, 350,000 kilómetros y predicó 42,000 sermones en sus 54 años como predicador itinerante. Su hermano Carlos escribió más de 6, 000 himnos porque ellos sabían que la mejor manera de aprender la doctrina era cantando. Hasta hoy en día los metodistas son famosos por su canto entusiasta y todas las iglesias cristianas usan los himnos de Carlos Wesley.

Después de decir tanto, ¿cómo era Juan?. Me sorprendí mucho al ver su traje clerical que está guardado en el museo en su casa en Londres. Era un hombre pequeño y delgado.  ¡Era pequeño de estatura pero gigante en la obra que realizó!.  He leído un artículo donde dicen que él fue algo obsesivo, un perfeccionista, un Workerholic!, y demasiado exigente como líder, pero también he escuchado a personas decir lo mismo de San Pablo.

Él fue un tizón sacado del fuego y ardiendo con el poder del Espíritu Santo y llamado por Dios a transformar los males de su sociedad con el evangelio del amor de Jesucristo. Él siguió viajando por todo Gran Bretaña hasta pocos días antes de su muerte a los 87 años en 1791 y hasta su muerte permaneció dentro de la iglesia anglicana. pero en 1766, inmigrantes habían comenzado las sociedades metodistas en los Estados Unidos y la obra creció rápido. Había necesidad de pastores ordenados especialmente después de la guerra de la independencia de Inglaterra en 1776. La Iglesia Anglicana se enojó aún más cuando en 1784 Juan Wesley ordenó al Dr. Thomas Coke como superintendente para ir a los Estados Unidos y ordenar a los pastores allí. Después de la muerte de Juan sus seguidores comenzaron a construir iglesias metodistas y formaron una denominación aparte.

La Iglesia Anglicana había perdido el avivamiento del Espíritu Santo que Dios quería darles. Pero todo el país, social y espiritualmente, se había beneficiado tremendamente. En Francia estalló una revolución muy violenta en 1789, pero esto nunca pasó hasta la isla de Gran Bretaña. Los cambios sociales vinieron como resultado del avivamiento del Espíritu Santo por la vida de Juan Wesley y los metodistas con su énfasis en la santidad personal y la santidad social. Él fue instrumento para salvar a su país de los cambios violentos y hasta hoy en día Gran Bretaña cosecha los frutos sociales y espirituales.

Esto es parte de la historia que yo aprendí como niña en el colegio. Juan Wesley es uno de los héroes y reformadores de Inglaterra. Dios preparó a una familia y especialmente a una madre y a uno de sus hijos, quien en las manos de Dios y lleno del Espíritu Santo, cambió la historia de su país y sigue influenciando en la historia del mundo.

Es por esto que damos gracias a Dios por Juan Wesley y vamos a celebrar los 300 años de su nacimiento.


BIBLIOGRAFÍA

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·      Genio y Espíritu del Metodismo Wesleyano, Gonzalo Baez-Camargo, Editorial Jakes, México, 1962.

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·      En Inglés

·      The John Wesley story, Robert Poulter, Foundery Press, London, 1987.

·      John Wesley Founder of Methodism, John A. Vickers, Ladybird Books Ltd., Loughborough, 1977.

·      John Wesley and Oxford, Vivian Green, Thomas-Photos, Oxford.