Dra. Dora Canales
Seminario Teológico Wesleyano de la Iglesia Metodista del Perú

Hablar de desafíos y cambios respecto de la misión, el discipulado, la  educación teológica o cualquier otro tema relacionado con de la vida de la iglesia requiere como punto de partida un abordaje a partir de los sujetos mismos, sus modos de experiencia de ser y estar en medio del mundo, y desde allí intentar luego un puente e interrogantes  con las sagradas escrituras y nuestro legado Wesleyano. 

Por otro lado, mueve a interrogarnos ¿Cambios y desafíos  para qué y por qué?

El mundo ha experimentado permanentemente cambios, pero sin duda el cambio más dramático, acelerado y de gran impacto ha sido desde el siglo XX. El siglo XXI también ha dado a nosotros la experiencia de horizontes y transformaciones que jamás imaginadas y por cierto, que aun ni siquiera podemos procesar y comprender en su totalidad. ¿Cómo ubicar entonces nuestros desafíos en un horizonte siempre cambiante, relativo y complejo?

ALGUNOS RASGOS IMPORTANTES DEL TIEMPO PRESENTE A CONSIDERAR 

1. Pérdida del sitial privilegiado del Cristianismo y la Iglesia

Desde hace ya varias décadas,  y especialmente a partir del fenómeno que se ha denominado  “secularización” comenzó esta pérdida que mencionamos, la cual además, se ha ahondado a partir de la experiencia de Globalización, y que ha dado lugar a la coexistencia de múltiples miradas, saberes e ideas que circulan y se hacen accesibles a todos de manera casi inmediata gracias  al impactante avance tecnológico.

Esto hace que vivamos la experiencia de una iglesia y legado que se ha venido a constituir para muchos, en una oferta más en el amplio mercado religioso existente. Bástenos recordar cuantos nuevos movimientos religiosos, presencia de credos y espiritualidades desde  otros rincones tenemos presentes hoy en día a nuestro alrededor.

Cada vez menos, las personas ven en el cristianismo o la iglesia como esa entidad  que acompaña sus vidas desde la cuna hasta el final de sus días como ocurría antaño. Hoy el creyente no vive en o a partir de un horizonte confesional, hay otras cosas que le son más vitales y ocupan gran parte de su tiempo e intereses.

Muchas personas hoy eluden compromisos con la iglesia, se sienten mejor vitrineando distintas posibilidades y también evaden la educación religiosa de sus hijos so pretexto de que es parte de la libertad de elección  que como padres deben garantizar a éstos a futuro.

Se aprecia también una primacía  del propio punto de vista del individuo,  o su particular sensibilidad o estilo de vida para determinar qué cosa es válida o qué no es aceptable. Ello trae consigo la vivencia de una pluralidad de miradas, juicios y modos de ver las cosas. Se trata de la vivencia de ser yo, con mi propio mundo, en medio de otros mundos en donde coexistimos simultáneamente. 

En la medida que  personas, pensamientos, tradiciones o instituciones calzan con lo mío, no me priven de poder cambiar o vitrinear  entre todas las ofertas de mercado existentes, entonces  todo marcha bien. En ese marco entonces, para muchas personas, la iglesia se percibe como  una amenaza a las libertades de las personas y sus “particulares” puntos de vistas que deben ser garantizados como la ley lo dice : “un  legítimo derecho de expresión”

El gran escritor  inglés G.K Chesterton para describir la paradoja actual: sostiene : «Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no es que no crean en nada. Creen en cualquier cosa»  

Karl Lehmann, cardenal alemán, habla de  «teoplasma», una especie de plastilina religiosa a partir de la cual cada uno se fabrica  dioses a su propio gusto, adaptándolos a las necesidades propias

¿Cómo anunciar las Buenas Nuevas en medio de este  gran mercado de ofertas religiosas? ¿Cómo hacer que el Nombre sobre todo Nombre resuene como algo relevante y significativo para el mundo moderno? 

2. Transición desde un paradigma positivista basado en la razón, a la era de las emociones 

La postmodernidad se caracteriza entre otras cosas, por su distanciamiento crítico de la modernidad que coloco la razón como única  forma de comprender el mundo

Relativista y escéptico, el  sujeto de hoy prefiere un pensamiento débil y fragmentario que no le comprometa a nada. 

Umberto Eco,  escritor y filósofo italiano , define nuestra época como “la época del feeling”, el sentimiento por sobre la verdad. Se afirma como verdadero aquello que se “siente”, que parece bello o cuyo discurso encaja con mi modo particular de ver, sentir o apreciar las cosas. 

En este sentido, es conveniente tener en cuenta que en estos tiempos, lo religioso se expresa como un fuerte predominio de la experiencia sobre la razón y sobre la explicación de la fe, por tanto es un escenario que coloca inmensos desafíos a la manera tradicional de hacer teología, la enseñanza, a un replanteamiento de la liturgia, etc.

Si actualmente estamos frente a sujetos cuyo eje principal es dejarse guiar por la experiencia, la vivencia, el sentimiento, más que por esquemas racionales, entonces tenemos que replantearnos cómo poder proveer en nuestros espacios  comunitarios, en el campo de la fe, una preeminencia de los asuntos que están estrechamente ligados con la vida  de las personas  y  sobre todo  con una vida permeada por la fe, más que la entrega de  informaciones o teorizaciones acerca de la misma. 

 ¿Cómo aportamos desde lo teológico, la educación cristiana, el sermón, a que los sujetos puedan  dejar de ser conducidos eternamente solo a través de un pensamiento discursivo? ¿Cómo podemos pasar a propuestas que den lugar a la reflexión  pero que esto no termine allí , sino de lugar al paso más importante que es el empuje  del  espíritu (ruaj)?

En última instancia, la fe no es sino un don que llega a nosotros por la gracia del Espíritu y  se acepta por experiencia propia con Aquel en quien hemos creído.

Hay quienes sólo están en búsquedas de experiencias y sensaciones extáticas. Otros, se oponen toda forma de experiencia religiosa como si la vida cristiana se redujera solamente a explicaciones doctrinales. Ni un extremo ni otro son positivos en términos de una edificación espiritual.  La posmodernidad nos coloca ante este desafío de ir más allá de estas clásicas polaridades y ofrecer algo más. Como herederos de la tradición wesleyana, constituye para nosotros hoy un desafío el poder resignificar un testimonio de fe con “corazón ardiente” en medio de la sociedad.


3. Suerte de visión apocalíptica , desesperanza y nihilismo

Como nunca parece aterrador sentarse frente al televisor y escuchar el noticiero, lo mismo pararse en una esquina de la ciudad para leer los titulares de los periódicos del día. No obstante, las imágenes catastróficas tienen o dicen algo de cierto: se está frente a una crisis que afecta a toda la creación, diferente a cualquiera otra que en la historia tengamos memoria. Sin embargo, el problema está en que solo se enfatiza el negro, proyectándolo hacia todas las esferas de la vida. 

Estamos en un tiempo eclesial donde convergen la muerte y la germinación de nueva vida, el desprendimiento de lo ya conocido y la aventura del descubrimiento de  lo nuevo. Necesitamos aprendizajes que nos enseñen el arte del descubrimiento, de la exploración, la flexibilidad de los contextos, el preguntarnos más que basarnos en respuestas definitivas. Necesitamos enfatizar como punto de partida el paradigma bíblico del “grano de trigo que muere a sí mismo para dar nuevos frutos”

Por otra parte, frente a la mirada catastrófica, la pérdida de esperanza cada vez más creciente, la muerte de las utopías, la sensación de nihilismo como iglesia y desde la teología necesitamos replantearnos la pregunta ¿Qué de nuevo y qué de bueno tiene el anuncio de la Iglesia? ¿Qué de novedoso, sorprendente, inédito y transformador tiene el discurso  que hoy domina nuestros espacios eclesiales, seminarios?  ¿Cómo re-encantar hoy al sujeto desesperanzado y sin horizontes?

Gerald Arbuckle, teólogo neocelandés sostiene: 

“Los viejos métodos pastorales han dejado, simplemente, de ser eficaces. El Evangelio debe ponerse en interacción dinámica con los problemas contemporáneos... Tenemos una desesperada necesidad de nuevas organizaciones, estructuras y métodos de evangelización de un mundo en cambio constante... Por eso yo hablo del proceso de refundar la Iglesia, es decir, de encontrar e implementar nuevas formas de llevar al mundo la Buena Noticia de la Fe y  la justicia”

(Gerald Arbuckle, Refundar la Iglesia. Disidencia y liderazgo, Santander, 1998, pág. 18).

Para hacer posible esta refundación, Arbuckle propone la necesidad del surgimiento de un tipo cristiano, tanto en la base de la Iglesia como en la dirigencia y que denomina: disidente responsable y que él entiende principalmente como aquel que es capaz de poner alternativas.

“…necesitamos disidentes esperanzados en todos los niveles eclesiales... Necesitamos personas con una visión nueva de la nueva Iglesia... que no tienen reparos en admitir la fórmula general para cualquier innovación: disposición a cuestionar el statu quo, imaginación pragmática, ideas, iniciativa, valor y unos cuantos amigos que ayuden a concretar el proyecto”   (Arbuckle, Refundar la Iglesia, 21).

¿En qué medida la catequesis, el culto, el estudio bíblico,  la formación teológica, la pastoral de nuestra iglesia contribuye a la promoción de estos disidentes responsables de corazón ardiente y encendidos de esperanza ?

4. Cielos nuevos, tierra nueva, hombre y mujer nuevos?

Mapa del genoma humano, clonación, células madres, neurociencia, todas novedades desde la ciencia que jamás imaginamos y que aún no sabemos hasta donde nos podrán llevar.

Domina por doquier hoy, una mentalidad que considera al ser humano como objeto, y por tanto, capaz de ser manipulado o modificado para adaptarlo a los estándares de producción. En un mundo así, los débiles, los enfermos, los ancianos, los que no poseen un cuerpo hermoso, están destinados descartados.

La desintegración social, del modelo familiar clásico, la voraz economía de mercado que margina y excluye a la mitad de la humanidad , sin duda ira cada vez más dejando al borde del camino seres  heridos, a quienes la Iglesia habrá de visibilizar como el prójimo de la parábola del Buen Samaritano. 

Para la Iglesia, el compromiso principal en la hora actual está en la defensa de los débiles, especialmente de los nuevos esclavos que la globalización está produciendo. Estamos ante un fenómeno migratorio sin precedentes en la historia de la humanidad y que recientemente ha incorporado un nuevo actor como protagonista: los niños.  

El ser humano del  siglo XXI, prófugo, migrante, violentado, sin tierra,  huérfano de afectos, sin esperanza es a quien hay que anunciar el evangelio, la buena nueva que reafirma la vida en medio de la miseria de este mundo.

El desarrollo de la economía y el agotamiento de ciertos recursos naturales ha colocado en primer plano, la urgencia por la conservación del medio ambiente. El cambio climático, el efecto invernadero, el avance de la desertización, han dejado de ser problemas teóricos para convertirse en una preocupación de todos. Es una nueva conciencia ecológica, llena de incoherencias, pues al mismo tiempo que nos preocupa la contaminación y pérdida de ambientes naturales,  no estamos dispuestos a renunciar a nuestros hábitos depredadores, las autopistas, el aerosol, etc.

Para la Iglesia, esta nueva conciencia ecológica es un desafío y una oportunidad: conducir al hombre hacia la trascendencia, enseñándole a recorrer el camino que parte de la experiencia de la creación y desemboca en el conocimiento del creador. 

DESAFÍOS

 Necesitamos llevar con fuerza y convicción esa Buena Nueva que comunica al mundo  que la muerte no tiene la última palabra.

Ello nos exige  abandonar nuestra comodidad eclesial y lanzarnos a las calles y caminos de nuestra sociedad a sembrar la esperanza.

 Ante el vacío existencial  y el pesimismo que agobia a tantos, estamos invitados como creyentes  a apreciar la belleza, lo simple, la vuelta a lo esencial, visualizar el futuro en un marco de hacer de lo imposible algo posible.

 Necesidad de que la Iglesia extienda sus brazos a todos y todas sin excepción, dejando atrás los mundos dicotómicos que dividen los buenos y los malos, los creyentes y los ateos, los convertidos y no convertidos, mujeres y hombres, blancos y negros, indios y letrados, etc. Reuniendo todas las miradas, dones y vocaciones para el engrandecimiento y edificación de todos como el cuerpo de Cristo.

 Necesitamos examinar qué clase de comunidad debemos ser, para tornarnos capaces de poner sobre los hombros esta tarea misionera

Tenemos un legado lo suficientemente valioso para compartir, el tema no es el qué, sino cómo debemos hacer esta tarea ahora,  en este contexto en el que el Señor nos ha puesto.  Sin duda somos un  Pequeño rebaño  con una  misión grande

Lima, septiembre del 2014